miércoles 23 de septiembre de 2009

El ángel yuxtapuesto


Desempolvo viejos versos,
reductos de mi zalamería...
y allí, inmóvil, un ángel yuxtapuesto,
supongo, en una estantería.
¿ Cómo un alado ser de sexo indefinido
- cómo un ser - da igual que sea o no alado -
se indefine en ese aspecto? - consigue yuxtaponerse?...
¿ definición?... no sé... tiene impresión solemne.
En veladas tristes me ha confesado el demonio
que él sólo se pone, sin el yuxta
- omito detalles, pastillas y colores -,
cansado de ser el malo de esa historia que es la Biblia...
"Peor fue Alejandro VI... peor y más cierto".
Pues aquí continúa mi ángel
- bueno, el de otro, porque yo no tengo -
inmóvil, yuxtapuesto, supongo, en una estantería,
y mi madre - que sí es un ángel verdadero -,
en enésima demostración de que las amas de casa
siempre trabajan por cuenta ajena,
le limpia el polvo para ganarse el Cielo.

martes 22 de septiembre de 2009

La Vida cabe en una Servilleta


En la actualidad nos hemos familiarizado con la costumbre de ver como, en el momento de la botadura de un barco, una señora ataviada con un vestido de gala - la madrina - estrella una botella de champagne contra su casco mientras pronuncia una solemne fórmula verbal: "¡ Qué Dios bendiga este barco y a todos los que naveguen en él!". Esta ceremonia tiene su origen en el mundo antiguo, cuando existía la práctica de lanzar un esclavo imberbe - símbolo de pureza - contra el casco del nuevo navío; si el joven no moría en el sangriento rito, el barco quedaba señalado con la mala fortuna - actualmente, el mal augurio supone que el vidrio de la botella no llegue a romperse -. Esta ceremonia guarda cierta similitud con la posterior vikinga en la cual, cuando se botaba un drakkar, se amarraba prisioneros a los parales, de modo que al pasarles el casco por encima, la sangre de sus cuerpos aplastados corría hacia el mar, no sólo como gesto de ofrenda a los dioses, sino también como una especie de baño de sangre de la embarcación. Se le atribuye a los griegos la costumbre de verter ánforas de vino tinto sobre la cubierta del barco, dándole nombre al mismo tiempo, como ofrenda para aplacar la furia del dios Poseidón por lo que consideraban una irrupción de sus dominios; la utilización del vino tinto se justifica por su semejanza con la sangre, en un claro guiño a esas antiguas costumbres prehelenísticas.

Naturalmente, yo no tengo intención de verter ánforas de vino tinto sobre la cubierta de mi portátil, ni mucho menos estrellar muchachos imberbes contra su casco... pero sí os invito a penetrar en una embarcación que espero conserve en sus bodegas mis inquietudes y mis palabras, aquellas que caben en una servilleta, como la vida misma.

"Si me preguntan qué es mi poesía debo decirles: que es,
pero si le preguntan a mi poesía ella les dirá quien soy yo".
Pablo Neruda.