En la actualidad nos hemos familiarizado con la costumbre de ver como, en el momento de la botadura de un barco, una señora ataviada con un vestido de gala - la madrina - estrella una botella de champagne contra su casco mientras pronuncia una solemne fórmula verbal: "¡ Qué Dios bendiga este barco y a todos los que naveguen en él!". Esta ceremonia tiene su origen en el mundo antiguo, cuando existía la práctica de lanzar un esclavo imberbe - símbolo de pureza - contra el casco del nuevo navío; si el joven no moría en el sangriento rito, el barco quedaba señalado con la mala fortuna - actualmente, el mal augurio supone que el vidrio de la botella no llegue a romperse -. Esta ceremonia guarda cierta similitud con la posterior vikinga en la cual, cuando se botaba un drakkar, se amarraba prisioneros a los parales, de modo que al pasarles el casco por encima, la sangre de sus cuerpos aplastados corría hacia el mar, no sólo como gesto de ofrenda a los dioses, sino también como una especie de baño de sangre de la embarcación. Se le atribuye a los griegos la costumbre de verter ánforas de vino tinto sobre la cubierta del barco, dándole nombre al mismo tiempo, como ofrenda para aplacar la furia del dios Poseidón por lo que consideraban una irrupción de sus dominios; la utilización del vino tinto se justifica por su semejanza con la sangre, en un claro guiño a esas antiguas costumbres prehelenísticas.
Naturalmente, yo no tengo intención de verter ánforas de vino tinto sobre la cubierta de mi portátil, ni mucho menos estrellar muchachos imberbes contra su casco... pero sí os invito a penetrar en una embarcación que espero conserve en sus bodegas mis inquietudes y mis palabras, aquellas que caben en una servilleta, como la vida misma.
"Si me preguntan qué es mi poesía debo decirles: que es,
pero si le preguntan a mi poesía ella les dirá quien soy yo".
Pablo Neruda.


Hermosa botadura ...si señor...espero que la navegación sea venturosa y aventurera.Un abrazo
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